El día en el que entré al juzgado del pequeño pueblo sureño donde crecí, fue muy. ¡A los 14 años, iba a tomar el examen para obtener mi permiso de conducir! Mientras esperaba mi turno, caminé por el viejo edificio con sus techos altos y pisos que chirriaban. Esta fue la época en que el Sur estaba segregado racialmente y en un rincón vi dos fuentes de agua idénticas, una al lado de la otra. En un letrero decía: "Solo para blancos" y el otro decía: “Solo para personas de color”.